nosotros
Tino y Álvaro. Dos hermanos, un club deportivo y muchas cosas que ya no se hacen a mano.

De dónde venimos
Nacimos en una familia de emprendedores. En casa se hablaba de cómo iba el negocio: el de nuestros padres, el de nuestro abuelo y hasta el de otros familiares cercanos. Crecimos rodeados de esas conversaciones y acabamos interesándonos por el mundo de la empresa desde siempre, sin proponérnoslo.
Cada uno llegó por un lado distinto.
Soy Tino. Desde pequeño he tenido una inclinación casi instintiva a encontrar el camino más corto para hacer las cosas. Más de una vez me llamaron vago, pero lo que hacía en realidad era buscar la forma de sacarle el máximo partido a cada minuto. Mi abuelo, que enseñaba las lecciones a su manera, me retó un día a copiar a mano un libro entero, El millonario instantáneo, convencido de que la vieja técnica de escribir para recordar me haría retener el contenido. Había 50 € de por medio. Miré las páginas, calculé los días que me iba a costar copiarlas palabra por palabra y le pregunté si podía hacerlo con el ordenador. Me dijo que sí. Lo que él no sabía es que el libro estaba en internet: Control+A, Control+C y Control+V en un documento de Word. Cuando vio mi «trabajo» no pudo más que sonreír y darme los 50 € prometidos. Sí, hice trampa, pero había trabajado de forma inteligente, y eso es lo que cuenta. Y sí, me leí el libro: sabía que me haría preguntas. No recuerdo cada palabra, pero sí la lección de aquel día: trabajar de manera más inteligente, no más dura.
Álvaro llegó por el orden. Se satura cuando ve mucha información junta, así que siempre ha buscado la simplicidad en todo lo que hace. Cuando quiso darse cuenta ya estaba montando fórmulas en Excel para no tener hojas enormes y herramientas para el negocio familiar, o para él mismo, que dejaran las cosas más simples. Ahí apareció lo que de verdad sabe hacer: detectar qué paso es el que atasca una actividad y diseñar la manera de agilizarlo.
Ninguno de los dos conocía entonces el mundo de la automatización ni la gestión de procesos. Empezamos a montar soluciones para la empresa de la familia —Tenisquash, un centro deportivo de Alzira— sin saber siquiera que aquello tenía un nombre. Formularios para que el socio nuevo pidiera su rutina de ejercicios sin interrumpir a los monitores del gimnasio. El alta por internet, para que la gente se apuntara desde casa. Parece obvio, pero siguen sin digitalizarse más empresas de las que uno piensa.
El giro de 180 grados llegó con Notion. Organizar el trabajo así abrió una puerta que no habíamos imaginado, y tirando de vídeos aparecieron Rubén Loán e Integromat, hoy Make: una herramienta capaz de conectar unas aplicaciones con otras y automatizar lo que pasa entre ellas. Durante casi un año hicimos locuras con Notion y Make, en el club y en proyectos nuestros, hasta que caímos en que eso mismo se lo podíamos ofrecer a otras empresas para que sus procesos fueran más eficientes.
Qué hacemos hoy
Construimos sistemas con IA para empresas: agentes que atienden y resuelven, automatizaciones que se llevan por delante el trabajo repetitivo y software a medida cuando lo que hace falta no existe en el mercado. Trabajamos sobre todo con pymes, que es donde una misma persona hace cinco cosas a la vez y se nota más lo que se le quita de encima.
La prueba la tenemos en casa. Los sistemas del club siguen funcionando años después: el alta de socios con su cobro y sus normas firmadas, las inscripciones del campus de verano, los torneos sociales. No son demos ni prototipos de escaparate; los usan cada día personas que no son técnicas y a las que nadie ha dado un manual.
También enseñamos lo que sabemos. Nuestro canal de YouTube tiene 11,8K suscriptores y ahí está el curso de Make, gratis y entero, para quien prefiera montárselo por su cuenta. Nos parece bien que lo haga: si después quiere ayuda, ya sabe dónde estamos.
Cómo trabajamos
Primero tu operativa. Miramos cómo trabaja tu equipo antes de proponer nada: qué se hace, quién lo hace y dónde se atasca. La tecnología viene después, y a veces la conclusión es que no hace falta ninguna.
En producción pronto. Preferimos una primera versión útil en semanas, funcionando con datos reales, a un proyecto perfecto que tarda medio año en verse. Lo que se usa se mejora con el uso; lo que se queda en el cajón, no.
Nos quedamos. Copias de seguridad, avisos cuando algo falla y mejoras según cambia el negocio. Un sistema vivo, no una entrega y adiós.
Si hay algo en tu empresa que ya no debería hacerse a mano, cuéntanoslo. Porque si existe una forma más eficiente de hacerlo, puedes apostar a que la encontraremos; y si no existe, la construimos.